Sandra Beatriz Márquez Bastidas afirma que es una revolucionaria. Se declara chavista en “las buenas y en las malas”. Es concejal suplente del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) en el municipio Bolívar, al oeste del estado Trujillo, a unos 600 km de Caracas. La dirigente de 41 años rompió el silencio por hambre.
La legisladora local tiene dos hijas. Una de ocho y otra de diez años. Es madre soltera. Las niñas le piden comida, arepa. Están cansadas de comer topocho (cambur). El alto costo de la vida la golpea severamente. Márquez Bastidas se dedica al comercio informal pero lo poco que gana no le alcanza para comprar los productos básicos.
La dirigente vecinal vive en San Miguel de Sabana Grande, una zona rural y pobre del eje panamericano, que desde el inició de las ideas de Hugo Chávez, se enrumbó hacia ese proceso político. Han transcurrido 18 añosy ese municipio, que en el pasado fue adeco, no ha cambiado de color ni de partido: lo gobierna el Psuv.

“Grito por hambre”
Márquez Bastidas encadenó su cuerpo a la abandonada sede del Mercal de San Miguel; deseaba ella que su grito de desesperación retumbara en todos los rincones de Venezuela. La concejal del Psuv protesta por comida, por hambre, por escasez, por “la ignominia” de los dirigentes que gobiernan el municipio Bolívar de Trujillo.
Por la tarde del miércoles 6 de julio cesó su protesta ante promesas gubernamentales. Han transcurrido 24 horas y las palabras parece que se las tragó el viento. Sin tapujo dice que “huele a falsas promesas”, sin embargo, advierte: “No me importa el inclemente sol, volveré a encadenarme, volveré a gritar por comida”.
Sandra Beatriz estudia el 4to semestre de educación en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador; se gradúo de bachiller en la Misión Ribas. Por las noches da clases en la Misión Robinson en la Escuela Bolivariana San Miguel de su comunidad, subraya que la quieren silenciar por no “apoyar sinvergüenzuras”.
José Gregorio Díaz es el alcalde de Bolívar (PSUV), desde sus inicios en el gobierno municipal ha encontrado en Sandra Márquez una piedra en el zapato. La acérrima dirigente afirma que no le “gustan las cosas mal hechas”, que cree en la honestidad, en el trabajo decente, pero se rebela contra las desigualdades y acciones políticas “no transparentes”.
Para finalizar, dice que vive en una casa que le construyó a “medias el gobierno nacional”. Dice que está agradecida, pero decidida a seguir luchando, protestando para que su grito de angustia se escuche en Miraflores. “Era mejor comprar por cupo en los abastos chinos que en los Clap, estos son una miseria”.
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