El cuarto día del juicio de los sobrinos de la pareja presidencial venezolana, Efraín Antonio Campos Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas se caracterizó por las caras largas que tenían los acusados y sus defensores. Desde tempranas horas de la mañana, el fiscal Brendan Quigley F. se encargó de enterrar la tesis de la defensa, según la cual los dos hombres no tenían experiencia en negocios de narcotráfico, desconocían por completo la logística que se usa para enviar enormes cantidades de cocaína al mercado internacional, y en especial, que desconocían que la droga que enviarán a Honduras -el 15 de noviembre de 2015- tenía como destino final varias ciudades de los Estados Unidos.
De manera elocuente, Quigley F. fue mostrando a los miembros del jurado cómo los dos acusados habían estado envueltos en otros negocios de narcotráfico. Motivado a que los abogados defensores lograron desacreditar las fuentes de la DEA, y al hecho de que los informantes confidenciales tienen un amplio historial de récords criminales, el gobierno americano decidió usar directamente las evidencias -validadas por la corte- para probar cada uno de los aspectos que constituyen el delito por el cual los sobrinos de Nicolás Maduro están siendo juzgados. Así lo menciona en su cuenta twitter la reconocida periodista @maibortpetit, quien se ha encargado del juicio de los sobrinos de Cilia Flores.
El fiscal Quigley F. se fue al grano, y mostró las grabaciones como pruebas irrefutables para demostrar el delito, más allá de la duda razonable. En la medida en que se iban escuchando las voces de los acusados, conjuntamente con la del informante encubierto CS1, los dos imputados y sus abogados cambiaron su expresión facial. Hasta Campo Flores, quien suele sonreír a lo largo de todas las audiencias, lució turbado y pensativo.
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