Quienes nos hemos formado en esta casa editora, y que por razones tristes y lamentables hemos tenido que huir del país tras la implacable e infame persecución dictatorial, condenamos el macabro plan del régimen de Maduro

Luis Perozo Padua | @LuisPerozoPadua

El Impulso, desde su génesis aquel remoto 1° de enero de 1904, siempre ha sorteado, con mucha determinación, las pretensiones tiránicas de cierres y censuras. Desde Cipriano Castro, incluso, se le intentó colocar una mordaza al entonces joven Federico Carmona para que desistiera de sus volantes y folletos en la Imprenta Torres, en aquel polvoriento pueblito denominado Carora.

Luego vino el dictador Juan Vicente Gómez, que sin pudor y cual mandamás, gritó a viva voz: “Me cierran esa vaina y me meten preso a esa gente”. Su voz se cumplió y a La Rotunda fue a parar Juan Carmona, el hijo de don Federico, quien decididamente juró seguir la línea editorial sin torcer un milímetro ni doblegarse a la siniestra dictadura.

Pero Marcos Pérez Jiménez, igualmente ejecutó lo propio, primero montando un perro guardián que, antes del cierre de cada edición, iba religiosamente al rotativo, a leer y releer cada línea, para que nada escapara, aunque los intrépidos reporteros, buscaban siempre la excusa perfecta para colar aquellas noticias que, por ética y por justicia, debían salir.

Fueron muchos los detenidos, procesados y condenados, nuestro Francisco Cañizalez Verde, en Guasina vivió tras las rejas un largo periodo, “por defender la palabra” del decir de Violeta Villar Liste.

Pero el denso periodismo y la denuncia constante de El Impulso, vocero siempre de la verdad y al servicio de quienes no tienen el alcance de una tribuna, ha sido la piedrita en el zapato del régimen chavista, que por todos los flancos ha insinuado, con ferocidad, cierres, multas, asedio y desde hace algún tiempo, apelando al más atroz de los escenarios, retrasar e impedir el acceso al papel periódico, monopolio condenado en la Carta Magna, para que las voces de miles de personas, que es la genuina voz de la democracia, sea infelizmente silenciada.

Quienes nos hemos formado en esta casa editora, y que por razones tristes y lamentables hemos tenido que huir del país tras la implacable e infame persecución dictatorial, condenamos el macabro plan del régimen de Maduro.

Nuestra absoluta y rotunda solidaridad con El Impulso, así como tantos otros medios sitiados y acorralados por la dictadura, que han tenido que claudicar.

Nuestra casa editora, El Impulso, hoy el periódico más antiguo de Venezuela, con casi 113 años de circulación, nuevamente dejará de circular por la mordaza impuesta desde el Ejecutivo.

Los periodistas que creemos en la democracia, levantamos la voz de protesta pese a la obligada distancia, e increpamos a los organismos internacionales se pronuncien al respecto, porque en Venezuela cada vez más se estrechan las vías democráticas con prácticas que transgreden las leyes y principios internacionales.

Vaya entonces mi respeto y solidaridad con El Impulso, con Juan Manuel y Carlos Eduardo Carmona, así como José Ángel Ocanto, y todos los compañeros que configuran este rotativo, de donde jamás me he marchado, porque mi corazón y mis pensamientos siempre están allí.

“Prefiero cerrados, que silenciados” increpó el Dr Juan Manuel Carmona, cuando era atacado por el desaparecido comandante, y hoy sus palabras retumban con estruendo y la seguiremos reimprimiendo y respaldando. No nos callarán.

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