hasler Somos un pueblo de Libertadores. No es una consigna ni un slogan, es una realidad de la que debemos convencernos nosotros mismos. Hoy se cumplen 123 días desde que nos lanzamos a la calle para conquistar definitivamente la democracia y la libertad. Marchas, plantones, trancazos, paros, huelgas, homenajes, vigilias han marcado nuestro accionar. La dictadura ha arreciado con más de 5.000 detenciones arbitrarias, más de 120 asesinatos y aumentando la cifra de presos políticos hasta casi 500. Incluidos alcaldes, concejales, diputados y magistrados, sin contar las medidas arbitrarias de trasladar a Leopoldo López y Antonio Ledezma de nuevo a una cárcel militar.

Hoy estamos en desobediencia ante toda autoridad, legislación y régimen que viole la Constitución y los Derechos Humanos (Art. 350 CRBV). Aferrados a ese derecho, el 16 de julio realizamos un plebiscito inédito: El pueblo organizándose cuando la dictadura quiere impedírselo, el pueblo expresándose cuando la dictadura lo quiere callar. Y el resultado fue extraordinario: Con muchísimas menos mesas electorales que en una elección tradicional y con todo el aparato del Estado en contra, 7.676.894 gritamos al unísono tres exigencias:

  1. No reconocemos el fraude disfrazado de Asamblea Nacional Constituyente que ha impulsado Maduro, y no obedeceremos ninguna de sus decisiones.
  2. Exigimos que la Fuerza Armada Nacional deje de seguir instrucciones violatorias de la Constitución y los Derechos Humanos y se sumen a la lucha institucional por restituir el hilo constitucional.
  3. Exigimos la renovación de los poderes públicos y la conformación de un Gobierno de Unión Nacional que restituya el orden constitucional.
Apenas 14 días después, la dictadura se empeñó en acelerar su proyecto, en vez de acatar la voz del pueblo. Realizaron un fraude electoral y constitucional: Una elección de constituyentistas sin consulta previa al pueblo de Venezuela, y con las más opacas y arbitrarias condiciones electorales. Estuvimos en la calle impidiéndolo, y los obligamos a cerrar centros de votación y tener que hacer malabares para sostener su fraude. Les votaron apenas 2.483.073 personas, y tuvieron la cara dura de afirmarle al país y al mundo que habían participado 8.089.320 venezolanos. El resultado no sólo fue la abstención y la mentira, sino la masacre que ejecutaron ese día, llevándose la vida de más de 15 venezolanos que luchaban de manera pacífica y en la calle por sus derechos, incluidos tres menores de edad, uno de ellos de 13 años.
Hoy nos corresponde acatar el mandato popular del 16 de julio, y defender con todo a la República. Cuando la dictadura pretende instalar una Asamblea Constituyente, reestructurar la Fiscalía General, cerrar canales de televisión, apresar a los dirigentes y activistas de oposición y no dejar piedra sobre piedra, es cuando con más vehemencia y claridad debemos avanzar en nuestra estrategia.
¿Cómo avanzar?
El mandato del 16 de julio es claro. No podemos avalar ni permitir pasivamente la instalación del fraude constituyente; y aún cuando lograsen avanzar en ese sentido, no podemos obedecer ni reconocer ninguna de las decisiones o acciones que desde allí tome la dictadura. Y esto hay que asumirlo como Libertadores, entendiendo el riesgo de retar a una dictadura asesina como esta, pero sabiendo que la gloria de conquistar la democracia es mucho mayor que el dolor presente.
Así mismo, debemos seguir emplazando a la Fuerza Armada, evidenciando lo ilegal de las órdenes que reciben, y lo urgente que es que dejen de ser el brazo armado de la narcodictadura. Los militares, como ciudadanos venezolanos, tienen la obligación -no la opción- de restituir el hilo constitucional, y más aún en ejercicio de las funciones y herramientas que tienen para defender la República.
Y finalmente, se debe avanzar sin vacilaciones en la conformación de un Gobierno de Unión Nacional. Un primer paso fue el nombramiento de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, sin embargo, no se ha trascendido del nombramiento a la toma de acciones concretas. Nuestros magistrados están escondidos o encarcelados, sin que la Asamblea ni los ciudadanos hayamos hecho nada para defenderlos y que ejerzan plenamente sus competencias. Esto debe terminar y debemos defender con garra a todas las autoridades emanadas de la legítima Asamblea Nacional.
El nombramiento de rectores del Consejo Nacional Electoral también es urgente. El fraude de Maduro fue consumado por unas señoras con períodos vencidos, carentes de toda legitimidad. Y asimismo carecerá de legitimidad cualquier acto que ellas ejecuten, más aún luego de que el mundo entero viera como mienten con las cifras. Se debe nombrar un nuevo CNE, y que ejerza, y que sea defendido por todos los ciudadanos. No importa si la dictadura no lo reconoce, deberemos entonces contrastar la fuerza de la mayoría en la calle defendiendo sus instituciones legítimas contra la debilidad de una dictadura y sus instituciones serviles.
Asimismo, la conformación de un Gobierno para la transición debe ocurrir luego de contar con el fundamento institucional planteado. La presión sobre Maduro es la más alta de la historia, pero sigue ejerciendo funciones, a pesar del rechazo de todo el pueblo y de la sistemática violación de los principios democráticos. Debemos entonces establecer una verdadera institucionalidad, un poder legislativo, que será acompañado por un poder judicial y electoral para la conformación de un nuevo poder ejecutivo. Y esto no como una locura por fuera de las leyes ni la soberanía popular, sino precisamente la expresión clara e inequívoca de la defensa de la Constitución y el cumplimiento de la Voluntad Popular expresada el 16 de julio.
Esta ruta acrecentará el conflicto promovido por Maduro al negarse a cumplir la Constitución y mediante la acción de un gobierno reconocido por el pueblo contrastado con una dictadura carente de obediencia, debemos seguir avanzando hasta la salida definitiva de quienes usurpan el poder. La presión de calle se debe sostener e incrementarse, más protestas, con más personas, en más lugares, durante más tiempo. Si ninguno de nosotros obedece, Maduro no tiene poder, si avanzamos con fuerza de calle, institucional e internacional, Maduro no puede gobernar.
Es importante alertar sobre los riesgos de seguirle el juego a la dictadura en su estrategia de ganar tiempo y desmotivarnos. Unas elecciones regionales en estas condiciones serían una gran perdida de tiempo y energía, por las razones que enumero a continuación:
  1. Con una Asamblea Constituyente andando, cualquier elección o autoridad estaría sujeta a la discrecionalidad de sus decisiones, por lo que participar en una elección supeditada a la fraudulenta ANC es lo mismo que lanzarse al vacío confiando que el opresor protegerá nuestra vida.
  2. Con un CNE que demostró no tener escrúpulos, ahora mucho menos que antes, participar en elecciones regionales es supeditarnos a su manipulación de las cifras, además de los vicios que hemos conocido en todas las elecciones anteriores.
  3. Con una dictadura radicalizada, las gobernaciones se convierten en un cascarón vacío, que lejos de “sumarnos espacios de poder” sólo lavarán la cara del régimen ante la comunidad internacional -que hoy los desconoce- y distraerá la ruta estratégica de la resistencia:
    1. Elecciones generales, con un árbitro imparcial y en condiciones justas, democráticas, competitivas, transparentes y libres.
    2. Apertura del canal humanitario de alimentos y medicinas.
    3. Liberación de todos los presos políticos.
Es por ello que sólo la firmeza y la contundencia de nuestras acciones nos salvarán. En estos momentos no se trata de volver al debate de Votos vs. Calle, todos coincidimos en la calle, y todos queremos rescatar el voto. Pero el voto real, no el controlado ni manipulado por la comisión electoral privada de Nicolás Maduro. Para ello se hace indispensable la ejecución de todas las medidas institucionales y constitucionales que están legitimadas por la Asamblea Nacional y el voto popular del 16 de julio.
No está de más recalcar que cualquier estrategia que se decida, sea ésta o cualquier otra, carecerá de efecto si no viene acompañada de una profunda y en escalada presión de calle, permanente y continua, hasta alcanzar los objetivos. Si la población se apacigua y desmoviliza, no habrá medida alguna de poder alguno que se pueda sostener por sí misma frente a la dictadura.
Somos una sola nación, indignada por tanto abuso, cargados de rabia por tanta injusticia, que nos enfrentamos a un sólo enemigo, a una dictadura asesina e inescrupulosa, con vínculos con el narcotráfico y el crimen organizado. Somos un pueblo de Libertadores, que no se rinde, que no se doblega. Que avanza decididamente hasta su libertad, y que no se apacigua por las trampas del régimen. Sólo creyendo y demostrando que somos millones, en la calle, respaldando las instituciones de la democracia, desalojaremos al cartel que intenta doblegarnos. ¡Rebelión popular y sublevación institucional hasta vencer!

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