Venezuela de casas muertas

“Quien ve una estafa y no la denuncia, es un estafador”.

Nassim Taleb

¡Qué vergüenza! El análisis anual de la agencia de noticias Bloomberg ubica a Venezuela en el top 1 de las economías más miserables del mundo. No nos asombra a quienes siempre supimos quién era Chávez, más bien continúa perturbando en el cuerpo de Nicolás Maduro, su hipocresía y cinismo político, quien con toque de cuasi poderes celestiales, partidos políticos, notables y medios de comunicación, se empecinaron en darle un buen empujón para entrar en los ojos de los que no veían ni oían la trampa en que caerían a sabiendas que era un golpista. .

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Solo quienes fuimos protagonistas de sus insurrectas manías, procedencia, y artimañas interpretamos la estrategia maquiavélica de este expropiador mal llamado “Cristo redentor” de borrar del territorio nacional la honradez, el progreso y la evolución próspera de todos sus conciudadanos.

Con dos Golpes de Estado a cuesta, muertos en sus hombros lo montan en el poder en el año 1999 con un hazme reír de eslogan: “Con Chávez manda el pueblo”. Era la suerte de “aquí estoy, llegué para quedarme”; así fue y va la tragedia de Venezuela, en un escenario paradójico y hasta desgarrador donde pasan los años, siguen sus sucesores quienes ahora no satisfechos con saquear y en un dos por tres enriquecerse, pretenden continuar.

Tenemos un país con una inflación galopante, donde no hay y menos existe producción, y su principal fuente de ingresos está en picada. ¡Por favor! Esta casta de políticos seguir pontificando desastres para encontrar más dónde robar y no haya un esfuerzo opositor que avizore que esta mediocridad alevosa que les brota por los poros debe resurgir de las cenizas y los debe incapacitar para gobernar; el país y sus hijos no pueden aguantar hasta el 2019.

El proceso que estamos viviendo los venezolanos es demasiado complejo, incompresible e intolerante.

El gobierno tiene 17 años, no es ningún “niño”. No son necesarios brujos ni pronosticadores para comprobar que desde hace años estamos muriéndonos de mengua. José Vicente Carrasquero argumentaba en junio de 2015: “La crisis humanitaria en Venezuela es producto de una guerra de la clase política gobernante contra el resto de los habitantes de esta empobrecida nación. Esa guerra tiene también varios campos de acción. Ya hablamos de la guerra contra la empresa privada que ha ido mermando nuestra capacidad de producir internamente y por supuesto, ha hecho imposible el cacareado objetivo de llegar a la soberanía alimentaria por solo mencionar una de las tantas que el gobierno nombra habitualmente”. Ver link

El nivel de compromiso que pretenden ahora asumir estos malhechores con una suerte de pócima llamada “emergencia económica” cuando la guerra por hambre se ha desatado con más furia es nulo de toda nulidad. El contrincante actual está en toda las casas de los venezolanos, es la miseria inducida; en cada rincón del país, hay más casas que amanecen vacías de alimentos y medicinas, lo único que saben sus habitantes es que este gobierno opresor solo abastece a diario la impunidad, la inmoralidad y la violencia.

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En estos 17 años estos nuevos próceres de la política venezolana confirman con enojo y dolor que son los que sin vergüenza alguna se llenaron los bolsillos con dinero mal habido, nos expusieron al escarnio público internacional con su fuente de mayor ingreso, el tráfico de droga, gasolina y para de mencionar; es el tiempo de un concertado poder legislativo que ponga orden desde la A hasta la Z.

Hoy el problema es Venezuela, no es si eres de izquierda o de derecha, el problema es aceptar que la historia es otra, que la política no es en este momento negociar, reconciliar con enemigos que acabaron un país de sueños y grandes oportunidades sino que su verdad está y significa en ponerse de acuerdo y darse cuenta de que si lo que vivimos no es lo mejor, se cambia de ipso facto.

FOTO 2Por ello, el título de este artículo pretende plantear una profunda reflexión en torno al rol de nuestros nuevos diputados que son mayoría calificada que deben avanzar con premura en resolver esta degradante desgracia económica, social, moral y política que se traduce en una enorme merma de la calidad de vida del venezolano.

Si la mayoría de la Asamblea Nacional no entiende esto, mientras más se tarden con debates, interpelaciones, logotipos, propuestas de referendo, palabras altisonantes contra el chavismo y paseos guiados, se gesta en las calles del país otro tipo de desesperación, la más violenta de la última década; tanto que no habrá fuerza suficiente que pueda detener el sentimiento del ciudadano. La impotencia del venezolano nos convierte como país en una bomba de tiempo. Y lo que era el verdadero objetivo de una salida democrática, puede terminar convirtiéndose en el peor y más incontrolable estallido de violencia.

A los hijos de Venezuela con la verdad en la mano, con los vaivenes de la vida que nos han llevado al borde de una implosión, con lo que eso duele; con lo que “por ahora” se ha perdido en este dantesco paisaje llegó el momento de ser resarcidos devolviendo todo lo que le han restado por la descarada corrupción enquistada por tantos años. Entre round y round, el tiempo de éstos ha acabado y el de los que llegaron es inmediato.

Como dicen por ahí: “Por las buenas o por las malas han de salir”.

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Ángela Elena Vera Lefeld

Ángela Elena Vera Lefeld

Periodista investigativa venezolana,docente universitaria e hija de la casa que vence la sombra. Despeinada por la realidad de su país donde el poder envilece. | CNP 5.590

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